11 nov. 2013

Memorias de un edificio | Memoirs of a Building

Building Seagram
Phyllis Lambert
Yale University Press, 2013

Building Seagram es probablemente una de las monografías arquitectónicas más humanas que se han publicado. En primer lugar porque su autora, Phyllis Lambert, proyecta sus propios recuerdos para reconstruir el proceso de diseño y construcción del edificio. En segundo lugar, porque no se propone la arquitectura como un acontecimiento histórico, sino como una historia en sí misma, cargada de relaciones, lecturas y matices fascinantes. | Seagram Building is probably one of the most humane architectural monographs that have been published. Firstly, because its author, Phyllis Lambert, projects her own memories to reconstruct the process of design and construction of the building. Secondly, because the architecture is not proposed as an historical event, but as a story in itself, full of relationships, nuances and fascinating readings.


Por si alguien se pregunta “qué hace una chica como tú [Phyllis Lambert] en un sitio como este”, comencemos por el principio. Lambert, a quien muchos conocerán por ser la fundadora y responsable de la junta directiva del Canadian Center for Architecture de Montreal, fue la directora de planificación del Seagram Building. Su padre, Samuel Bronfman, había sido precisamente el fundador de las destilerías Seagram en Montreal. Cuando Lambert supo de las intenciones de su padre de construir una nueva sede en Nueva York, ella no se lo pensó dos veces y se postuló como “gestora” del proyecto –desde la selección de los arquitectos hasta la planificación de la construcción.

Lambert había mostrado su interés por las vanguardias artísticas europeas. En 1954, al inicio de esta historia, vivía en París intentando convertirse ella misma en una artista. Por ello, tras valorar diversas posibilidades, y aconsejada por Philip Johnson, no dudó en designar a Mies van der Rohe como arquitecto del edificio. El propio Johnson se convertiría en su socio en este proyecto, completando el trío Mies–Lambert–Johnson.

La autora profundiza en la historia del edificio, descubriendo un Mies mucho menos formalista de lo que pudiera parecer, creando un lenguaje tecnológico que se convertiría en paradigmático, pero a la vez consciente y preocupado por el valor urbano y la complejidad no visible de la arquitectura.

Casi puede decirse que el libro inaugura un género en el mundo de la literatura arquitectónica: el de las memorias de un edificio. Hasta ahora se habían escrito memorias de algunas obras de arte, o de filmaciones de algunas películas, pero no de obras arquitectónicas. Es cierto que existen cientos de volúmenes monográficos sobre piezas de arquitectura, pero nunca hasta ahora escritas por alguien tan implicado en su construcción, y con el margen de 50 años que otorga una perspectiva única sobre la vida de ese edificio.

Como la cosa va de recuerdos, aprovecho para compartir uno propio. Hace unos años, visitando la ciudad de Nueva York, tuve la oportunidad de conocer de cerca el edificio Seagram. Caminábamos por Park Avenue en dirección norte desde la Estación Central cuando nos sorprendió una clásica tormenta veraniega. Sin tiempo para reaccionar, y en contra de lo que pudiera parecer, comprobamos como la ciudad no es especialmente hospitalaria con los peatones, incluso en una de las avenidas supuestamente menos hostiles. A pocos metros se nos ofrecía la Plaza Seagram y no dudamos en buscar refugio bajo el edificio de Mies. De aquella experiencia recuerdo una agradable sensación de cobijo: la elegancia sólida de la arquitectura, el oportuno vacío en la trama densa. No puedo estar más de acuerdo con Phyllis Lambert cuando habla de la conciencia urbana de la arquitectura.

David H. Falagán
If anyone asks "what's a girl like you [Phyllis Lambert] doing in a place like this", let's start from the beginning. Lambert, who many people will know as the founder and Chair of the Board of Trustees of the Canadian Center for Architecture in Montreal, was the Director of Planning on the Seagram Building. Her father, Samuel Bronfman, was precisely the founder of the Seagram distillery in Montreal. When Lambert knew about her father's intentions to build new headquarters in New York, she didn’t think twice and suggested herself as the "manager" for the project, from the selection of the architects to the Building Planning. 

Lambert had shown her interest in the European avant-garde. In 1954, at the beginning of this story, she was living in Paris trying to become herself an artist. Therefore, after considering various possibilities, and advised by Philip Johnson, she did not hesitate to appoint Mies van der Rohe as the architect for the building. Johnson himself became his partner in this project, completing the trio Mies–Lambert–Johnson. 

The author delves into the history of the building, discovering a much-less-formal than it might appear Mies, who was creating a technological language that would become paradigmatic, yet aware and concerned about the urban value and the not visible complexity of the architecture. 

One can almost say that the book opens a genre in the world of architectural literature: the memoirs of a building. Until now there had been written memoirs on some works of art, or on films, but not on architectural works. It is true that there are hundreds of monographic volumes on architectural pieces, but never before written by someone so involved in its construction, and with the margin of 50 years that gives a unique perspective on the life of the building. 

As it goes about memories, I take the opportunity to share my own. A few years ago, visiting New York City, I had the opportunity to get up close the Seagram Building. We were walking along Park Avenue due north from Central Station when were surprised by a classic summer storm. No time to react, and against what might appear, we checked how the city is not particularly hospitable to pedestrians, even in a supposedly less hostile avenue. A few meters away Seagram Plaza offered us and we don’t hesitate to seek refuge under the building. From that experience I remember a nice feeling of shelter: the solid elegance of the architecture, the appropriate gap in the dense plot. I agree with Phyllis Lambert when she talks about urban awareness of architecture.