11 feb 2017

Lugares para el placer

1000m2 de deseo. Arquitectura y sexualidad
Adélaïde de Caters, Rosa Ferré, Beatriz Colomina, Marie-Françoise Quignard, Pol Esteve, Esther Fernández Cifuentes, Ingo Niermann, Fulvio Ferrari, Rem Koolhaas
CCCB - Direcció de Comunicació de la Diputació de Barcelona, 2016

En el sexo importa el quién, el cuándo, pero también el dónde. Y ese es el centro de la exposición "1.000m2 de deseo. Arquitectura y sexualidad" del CCCB. Su catálogo presenta una serie de artículos que recoge el espíritu de la muestra, que ha decidido comenzar su recorrido a finales del siglo XVIII con las utopías arquitectónicas de Ledoux para las "casas del placer" (oikema) o las escenografías pensadas por el marqués de Sade, recogidas en un artículo de Adélaïde de Caters. Esta autora, comisaria de la exposición junto a Rosa Ferré, recuerda la figura de Jeremy Bentham  y cómo su idea del panóptico se convierte en una arma moral para una sociedad controladora.




El catálogo también repasa, en un artículo de Rosa Ferré, la pasión amorosa como factor de propuestas sociales alternativas: desde los falansterios de Fourier hasta las propuestas de vida en comunidad como Walden7 del Taller de Arquitectura o la Drop City. Se incluyen también ejemplos de grupos pop como Archigram (Instant City), Coop Himmelb(l)au, los Metabolistas o GIAP.

Ya en la escala más doméstica, se propone una mirada a los palacetes y estancias pensadas como escenografía para la seducción amorosa y el voyeurismo, ya sean en la refinada Francia aristocrática del siglo XVIII, en la propuesta de Adolf Loos para Josephine Baker o los refugios íntimos de los grupos archi-pop. Los espacios que recrean las novelas libertinas se abordan en el escrito de Marie-Françoise Quignard.

Del siglo XX, Beatriz Colomina describe las casas del doctor Lovell, promotor de un sistema de vida alternativo que incluía el naturismo, cuya filosofía encontró repercusión en Schindler y Neutra. El inventor del "osgasmatrón" era un discípulo de Lovell y "Neutra pensaba la casa en sí como una especie de acumulador de orgón, una máquina no solo para salud sino también para el deseo." Fulvio Ferrari analiza la colección de desnudos femeninos fotografiados por el arquitecto Carlo Molino, siempre en dos decorados creados exprofeso. La influencia del interiorismo propuesto durante décadas por la revista Playboy es analizado por Beatriz Colomina, quien ha trabajado este tema en diversas publicaciones y exposiciones. Ya en el siglo XXI se escogen varios espacios para el análisis: los lugares de encuentos furtivos y casuales, como cuartos oscuros o los puntos de cruising, retratados en el artículo de Rosa Ferré; los centros de ocio musical analizados por Pol Esteve y los lugares representados en las películas porno, analizados por Esther Fernández Cifuentes. Una charla entre Rem Koohaas e Ingo Nierman cierra el catálogo.

Hay que aplaudir la novedad de ver la arquitectura desde ámbitos como la sexualidad, a pesar de que haya elementos debatibles como la datación (obviando la época clásica y medieval) o la perspectiva, un tanto ingenua y con un relato débil. En este sentido, el catálogo acusa esa falta de ligazón y aparece como un compendio de artículos, eso sí, interesantes respecto a los elementos que introducen. De la exposición, se echa de menos en la publicación la interesante "Cronología abreviada de la emergencia de tecnologías lumínicas sonoras y psicotrópicas que definen la arquitectura de la cultura del baile". 1.000 m2 de deseo. Arquitectura y sexualidad encuentra un espacio en las bibliotecas al lado de Pornotopía de Beatriz Preciado y Sexuality and Space de Beatriz Colomina.

Isabel Aparici