21 sept. 2020

Basta de cháchara

Cháchara y otras historias de arquitectura
Moisés Puente
Caniche Editorial, 2020

Leí en alguna parte que la expresión "basta de cháchara" se popularizó gracias a su uso en un debate político en Argentina, en el que uno de los candidatos reclamaba a su oponente menos humo y más concreción. Más allá de que la expresión siga siendo pertinente en la esfera política, ya es hora de que se la apliquen otros contextos como el debate arquitectónico.




A no ser que alguien haya caido accidentalmente por aquí, si estáis leyendo estas lineas es porque, por el motivo que sea, os interesan los libros de arquitectura. Si ahora echáis un vistazo a vuestra biblioteca más o menos reciente, no será difícil que encontréis el nombre de Moisés Puente en los créditos de más de una publicación. Lo veréis como editor, como traductor, como autor de algún capítulo, como escritor de la introducción... Tantas reflexiones dispersas (por la procedencia, no por el contenido) que es una buena noticia que ahora se publique esta coqueta edición recopilando algunos de sus escritos.

No es casual que el texto que da nombre al libro -"Cháchara"- encabece la selección y se plantee como toda una declaración de intenciones: "Los debates de arquitectura se han convertido en encuentros de socialización donde reina lo políticamente correcto y donde apenas hay espacio para la fricción". La arquitectura -y la crítica de arquitectura- hace tiempo que vive bajo las normas de esa socialización virtual en la que cada cual interpreta su rol -supuestos influencers que se venden por los likes, haters deseosos de llamar la atención, followers palmeros de cualquier ocurrencia... No es que la arquitectura no deba estar en las redes (probablemente le han dado visibilidad); es que el modelo de las redes ha fagocitado cualquier evento de discusión arquitectónica (lo ha convertido en inmediado, superficial y, aparentemente, espectacular). La velocidad de los medios hoy no encaja con la profundidad de la reflexión que requiere la arquitectura -y localizar los outsiders, que los hay, es poco trendy.

Con las cartas a la vista, Puente reparte juego en tres direcciones. Una primera parte del texto recoge tres piezas que podrían ser tres libros -sospecho que sus ojos de editor le permiten estructurar familias y ver genealogías con gran habilidad. Maneras de intervenir en lo existente, de coleccionar o de exhibir arquitectura se convierten en excusas para reflexionar sobre la trascendencia o el significado de la arquitectura. La segunda parte enfoca dos mitos que conoce muy bien, Mies y Alejandro de la Sota. Tanto como que para ponerlos en valor, los desmitifica -como el De la Sota que presumía de montar y desmontar sus edificios con un destornillador. Y la tercera parte, miscelánea, donde se mece entre sus vicios y obsesiones (Hejduk, Matta-Clark, Banham, Rossi) y el relato encendido de arquitecturas que disfruta (Radic y Correa, Arquitectura-G, Olgiati). 
 
Para no meter la pata, antes de escribir nada consulté el diccionario:
Cháchara <nombre femenino> 
Del it. chiacchiera, en pronunciación infl. por ciacciare.
Conversación animada e intrascendente sobre temas sin importancia.
Aquí no hay nada de cháchara. Moisés Puente escribe en ese equilibrio difícil entre la erudición -Walter Benjamin o el grupo OuLiPo están entre sus citas- y el simple disfrute por la arquitectura. Basta de cháchara, parece que quiere decir.

David H. Falagán